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Página 1 de 4  Otavalo, Ecuador. Rafael Reyna. El 14 de septiembre, en la ciudad de Cancún, el Canciller de México y Presidente de la reunión de la Organización Mundial de Comercio OMC, Luis Ernesto Derbezse dirigió a los delegados reunidos, indicó que no veía base para acuerdos, y declaró a la reunión finalizada. Los delegados rápidamente comenzaron a agilizar sus viajes de regreso a casa mientras los operarios mexicanos desmantelaban las instalaciones. La reunión de la Ronda Doha de las negociaciones comerciales de la OMC había fracasado.
Inmediatamente los medios periodísticos y la opinión pública se preguntó el porqué de este fracaso y los culpables del mismo. Sin embargo, es más importante definir el destino de las negociaciones interrumpidas y de la misma OMC (cuya credibilidad y futuro están en discusión), y a quiénes beneficiará o perjudicará ese destino.
Un poco de historia La ronda Doha (denominada así por haberse acordado en la ciudad de Doha, Qatar) de la OMC se inició en noviembre del 2001, después de una serie de negociaciones difíciles. Aunque los conflictos entre naciones ricas y pobres fueron múltiples, los anuncios finales fueron ambiciosos puesto que se propuso disminuir los subsidios a la agricultura, bajar las tarifas a bienes agrícolas, disminuir las tarifas de bienes industriales (en áreas clave para los países en desarrollo como los textiles ), liberalizar el comercio de servicios y negociar reglas globales de comercio. Se propuso que estas reglas se concentraran en cuatro temas nuevos: competencia, inversión, transparencia en compras del Estado y facilitación del comercio (llamados los “temas de Singapur”). Así se planteaba que estos avances en el comercio beneficiarían a los países en desarrollo puesto que no solamente sus productos agrícolas compiten con productos subsidiados, sino que enfrentan barreras para ingresar a los mercados de los países ricos.
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