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Viaje a Ixtlán
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Página 1 de 2  Niño Ixtlán. David H. Ariaga. La primera vez que escuché el nombre de Ixtlán fue cuando leí la novela de Carlos Castañeda, Viaje a Ixtlán. Siempre quise conocer este maravilloso y misterioso lugar de la Sierra Oaxaqueña al sur de México. Así que, cuando Gustavo Ramírez, director del Corredor Biológico Mesoamericano, nos invitó a conocer su lugar natal"Ixtlán", no titubeamos para aceptar.
De la ciudad de Oaxaca partimos por un sinuoso, pero hermoso camino, lleno de una vegetación espesa. A lo lejos solo quedaba el valle oaxaqueño. Este camino nos condujo a Guelatao, al que llegamos un día después del aniversario de don Benito Juárez, el segundo libertador de México. Todavía se podían ver los rastros del festejo esparcidos por la plaza. A solo 15 minutos de ahí llegamos a Ixtlán, lugar del Ixtle, que en lengua zapoteca significa hoja gruesa en referencia al maguey.
Ixtlán es un pueblo iimpio enclavado en la Sierra Norte de Oaxaca. Su precioso Templo dedicado a Santo Tomás Apóstol, construido en el siglo XVII, de estilo churrigueresco, posee un hermoso pórtico de cantera rosada, un portón y retablos tallados en maderas preciosas y una pila bautismal de cantera labrada donde fue bautizado Benito Juárez, claro orgullo de todos los habitantes de la zona, sobresale entre las construcciones del pueblo. La limpieza del lugar nos sorprendió mucho, así como la organización del pueblo, quienes trabajan en un proyecto de ecoturismo, el cual consiste en la construcción de algunas cabañas para hospedar a los visitantes ansiosos de hermosos bosques de niebla, paseos por el antiguo camino de los zapotecas, visitas al criadero de truchas, donde se preparan deliciosos platillos para ser consumidos por todos los pobladores del pueblo, quienes conviven en un armonioso paisaje que combina la risa de los niños jugando a lo lejos con la actividad de los encargados de sacar las truchas de sus estanques. Al día siguiente visitamos sus antiguos y conservados bosques, que contrastan con otras partes del territorio nacional, donde el deterioro y la tala inmoderada se han adueñado del paisaje. Un verdadero respiro de belleza y paz con la naturaleza. Seguimos al poblado de Yavesía. Ahí encontramos otra agradable sorpresa: otro pueblo pequeño y limpio con una serie de señalizaciones que expresan el espíritu de la población. A la entrada nos recibió el siguiente mensaje: "Es muy agradable ser importante, pero es más importante ser agradable".
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