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Sueños de agua que se salvaron |
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Página 1 de 4  La Cocha. Edward Parker. Con menos de veinte años de edad, las pasiones y las ilusiones de un joven vecino de la gran laguna de La Cocha, en las montañas del extremo suroccidental de Colombia, ayudaron a salvar, aun después de siete años de su muerte, acaecida en 1994, el destino de ese majestuoso cuerpo de agua, el segundo mayor del país. Se llamaba José Gabriel Villota, y fue una de las personas que establecieron una reserva natural de la sociedad civil en las cercanías de la laguna, como para abrazar cariñosamente este bellísimo paraje, que él tanto amaba por su inmensidad, sus aves, sus páramos, sus bosques circundantes, y toda la diversidad biológica que en ellos hervía, y a cuya protección le dedicaba sus sueños.
Su amor lo llevó a unir a las personas que vivían cerca de ella y también la amaban, y hoy, una red de reservas naturales que reúne a más de 35 predios de este tipo en la laguna y sus alrededores lleva, en honor de él, su nombre: Red José Gabriel. La laguna de La Cocha forma parte del gran sistema de humedales de la ecorregión Andes del Norte, a donde llegan o por donde pasan miles de aves acuáticas migratorias del hemisferio norte en el continente americano. De esta ecorregión surgen la mayoría de los ríos importantes de Colombia, Ecuador, Venezuela y Perú. Desde hace veinte años estaba siendo objeto de acciones de desarrollo sostenible por parte de la comunidad, con el apoyo desde 1993 de WWF Colombia, cuando en 1997 se vio enfrentada a un crítico momento: la posibilidad de que, con aguas del río por el que ella desagua, el Guamués, se construyera una represa que proveyera de agua a la creciente y cercana ciudad de Pasto, y que iría complementada con otras dos represas, una cascada artificial, un lago y una hidroeléctrica. El proyecto, conocido como Proyecto Multipropósito Guamués, trasladaría 26.9 metros cúbicos de agua por segundo de la cuenca amazónica a la pacífica, y en el proceso inundaría entre 200 y 900 hectáreas de valiosos páramos cercanos a la laguna, obligaría a talar una inmensa porción de bosque nativo y afectaría la cuenca de varios ríos. Y el riesgo de que aun pequeños flujos de agua se escaparan hacia zonas de páramo donde no los había antes podría afectar estos ecosistemas. |